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lunes, 20 de junio de 2016

“El dolor se supera con hechos de paz, perdón y reconciliación”: Fidelina


El arte ha sido utilizado por Fidelina* como terapia de perdón y reconciliación
Así piensa una aguerrida mujer a quien llamaremos Fidelina*, una de las ocho millones de personas, que según cifras de la Unidad de Víctimas en Colombia, ha dejado la violencia ocasionada por el conflicto armado en nuestro país, un fenómeno que ha tocado todos los estratos socioeconómicos y que, como efecto dominó, llegó a ciudades grandes y pequeñas del territorio nacional.

Y es que para esta bogotana de 49 años de edad y madre de dos hijos, la violencia que tuvo que afrontar al interior de su familia y que le arrebató a su esposo, le sirvió como incentivo para salir adelante y derrotar –gracias a su entrega y al trabajo social en diferentes sitios de la ciudad capital y zonas aledañas– ese sino trágico que marcó su vida.


Fidelina, su nombre artístico como ella dice, llegó a la localidad Ciudad Bolívar, una de las 20 en que se encuentra dividida la capital colombiana, cuando transcurría el año 1984, en compañía de su madre y su hermano se radicaron en el barrio Los Alpes que colinda con la vereda Quiba, perteneciente a una zona rural ubicada al sur de Bogotá.

Esta localidad es la tercera más extensa de la ciudad con más de 800 mil habitantes distribuidos en 360 barrios que alberga a grupos indígenas, poblaciones afrodescendientes, campesinos y personas en condición de vulnerabilidad, las cuales han llegado de diversas zonas del país, muchos de ellos desplazados por la violencia, que esperaban encontrar una nueva oportunidad en la gran metrópolis.

“Yo tenía 17 años y mi concepción del mundo era muy diferente a lo que me encontré en este barrio, empezando por la precariedad de los servicios, como no teníamos agua, nos tocaba cargarla desde las fincas aledañas donde nos permitían sacarla, lavamos la ropa en una quebrada, y llenábamos bidones para el consumo doméstico”, recuerda Fidelina, sobre aquellos años de su juventud.

Muchas de las viviendas de aquella zona eran construidas de forma poco segura en terrenos de invasión, vendidos por algún avivato que engañaba a los más ingenuos y los entregaba sin escrituras, sin servicios y sin ningún documento oficial que les permitiera reclamar si algo salía mal.

“La mayoría de viviendas del lugar eran construidas con paroi (un tipo de tela asfáltica), había que caminar grandes distancias para conseguir los alimentos y para ir a estudiar, el medio de transporte era en camiones, chivas o carros particulares destartalados, donde nos transportábamos atiborrados”.

VOCACIÓN CON EL TRABAJO SOCIAL  


En este contexto conoció lo valioso que puede ser el trabajo social para lograr el bienestar común, por ejemplo, la consecución de servicios públicos, la construcción de una escuela, el trabajo con los hogares comunitarios del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), y en general , aprendió que cuando hay unidad y deseos de superación, todo puede ser posible. 


Con jornadas pedagógicas y lúdicas la comunidad se entrena para la paz
Tan pronto terminó su educación secundaria, asumió el liderazgo para la construcción de dos aulas de enseñanza que favorecieron a las niñas y niños de la zona, ya que al estar cerca de sus hogares, se reducía el desplazamiento y se exponían menos a los peligros del entorno. El ejército les colaboró con mano de obra para la construcción y también en la gestión para traer profesores que dictaran las clases.

“Fueron diez años incansables de lucha por mejorar las prácticas pedagógicas y de gestiones para que la Secretaría de Educación mandara algunos docentes, el plantel educativo se convirtió en el eje central de la formación para los jóvenes de los barrios aledaños y a la vez, en punto estratégico para reuniones sobre la seguridad de la zona, que por aquella época no era la mejor”.

Fidelina afrontó por aquel entonces el fallecimiento de su señora madre, con resignación continuó con su labor social la cual complementaba con un pequeño negocio de víveres del cual subsistían cinco miembros de su familia; también convivía con su pareja sentimental con la cual tuvo su primer hijo.

CONTEXTO DE SU DESPLAZAMIENTO

“Cuando se es líder es muy difícil tener contento a todo el mundo, por esa época se produjo un malentendido en el sector por la partida del ejército de la zona, hecho por el cual se nos acusó, a mí y a dos profesoras más, de promover su salida y de ocasionar la inseguridad que se desató en el sector a causa de la presencia de delincuentes”.

Esta situación le trajo consigo amenazas contra su vida y la obligó a realizar su primer desplazamiento de la zona, luego de un año de ausencia, decidió regresar y continuar con su pequeño supermercado, sin embargo las condiciones de seguridad no habían mejorado y su vida familiar pronto se vería marcada por la tragedia.

“Empezó una serie de asesinatos contra algunos jóvenes del sector, personas extrañas empezaron a organizar grupos, era difícil ser indiferentes ante esta situación, cuando de repente un día llegaron tres individuos y sin mediar palabra empezaron a disparar a mi compañero, yo tenía mi hijo de dos años en los brazos, mientras alguien me decía: ahora si se puede ir, escuche varios disparos, fueron dirigidos contra mi marido quien yacía tendido en el suelo mal herido”.

El compañero sentimental de Fidelina no superó aquel atentado y poco tiempo después falleció a consecuencia de las heridas recibidas, tras su muerte, ella se enteró que su pareja había sido presionado para guardar algunas armas, razón por la cual tomó la decisión de desplazarse buscando proteger su vida y la de su hijo.

“No fue fácil entender que era lo malo que había hecho, recibí toda suerte de juicios por parte de familiares, vecinos y amigos, quienes me acusaron de haber ocasionado aquellos actos debido a mi trabajo social con la comunidad, decían que esto había ocasionado la muerte de mi compañero a quien apreciaban mucho”.

Fidelina huyó con su hijo y se refugió en un municipio aledaño a la capital, fueron dos largos años en que la incertidumbre no la dejaba tranquila, a pesar de la protección que recibía del Estado, su situación era muy confusa pues se sentía estigmatizada; fue ahí cuando decidió tomar otro rumbo.

EL CAMBIO QUE PRODUJO UNA NUEVA VISIÓN  EN SU VIDA


“Un día tomé la decisión de no seguir errante y regresé para vincularme nuevamente a localidad Ciudad Bolívar, a un sector distinto al que había vivido, tenía un sueño rondando en mi cabeza , ayudar a otras mujeres que como yo estaban en condición de desplazamiento, empecé a generar proyectos culturales basados en la danza y la pintura, a la par empecé a estudiar y me enfoqué en fortalecer el liderazgo en defender la educación para las mujeres víctimas, en entender el porqué de la guerra y lo que podíamos hacer para erradicarla”.

Ella había encontrado una razón para demostrar que la violencia se combate con acciones de paz y que el dolor y las secuelas, se puede mitigar si ayudamos a que otros encuentren el camino del perdón y la reconciliación con actos solidarios y de ayuda social, su enfoque eran las mujeres, en su mayoría cabeza de familia, con muchos hijos y poca esperanza de superación.

Su denuedo por el servicio comunitario la llevó a integrar el Consejo Local de Cultura de Ciudad Bolívar, contribuyó en la ejecución del Festival de Mujer y Territorio, durante dos años y con el apoyo de la Alcaldía Mayor de Bogotá, tuvo la posibilidad de implementar un Plan de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres de la ciudad.
 
A través del Festival de Mujer y Territorio, promovió el rescate de todas aquellas mujeres que fueron víctimas de violencia, tanto de la guerra como de aquellas que han tratado de liderar causas nobles en diferentes zonas del país, y de lograr que la sociedad se sensibilice sobre el papel de la mujer en estos escenarios como constructoras de paz y del tejido social.

“Con este plan de igualdad trabajé durante tres años y empecé a organizar procesos de sensibilización con mujeres de diferentes partes de la localidad, conformamos la Asociación Integral de Mujeres Constructoras de Esperanza (Asimuc), con el cual hemos desarrollado un proceso muy interesante, con altibajos pero siempre con las ganas de trabajar en pro de la paz y la reconciliación”.

“Asimuc nos ha permitido desarrollar proyectos como Trabajo y el Ambiente Sano, Fundamentos para la Convivencia, La Preparación de Alimentos con Amor, una noble actividad que genera empleo a nuestras mujeres en condiciones de dignidad, y actualmente estamos intentando fortalecer un proyecto de escuela artística donde se mezcla también el deporte, al cual le pusimos el nombre de Escuela Artística y Deportiva, para el Buen Vivir de las Mujeres".

El deseo de involucrar el arte como parte de la rehabilitación de las mujeres víctimas, lo empezó a desarrollar en el municipio de Duitama (Boyacá), lugar donde lideró un proceso con las mujeres a través de la pintura y la danza, actividad que fue bien recibida por las participantes de este proyecto.

Tras su regresó a la capital del país, empezó a trabajar con las mujeres de la localidad sexta de Tunjuelito y la localidad 18 Rafael Uribe Uribe, donde lideró algunos proyectos con mujeres de esta zona.

Galería del trabajo con las comunidades


“La mujer es el eje central, es como un punto de referencia para una sociedad que necesita perdonarse a sí misma, perdonar a sus congéneres y poder vivir sin el fantasma de los recuerdos que producen dolor y resentimiento”, dijo.

En los Encuentros Territoriales de Paz, actividad organizada por la localidad Rafael Uribe Uribe, nos contó cómo ha continuado con sus proyectos que propenden por la paz y la reconciliación en un escenario donde todos debemos ser parte de la solución.



Fidelina piensa que los diálogos de paz que se adelantan en la Habana (Cuba), se convierten en una motivación para que todos nos unamos en pro de la paz y en contra de la guerra que llegó los diez lustros manchados de sangre inocente y que esto contribuirá a que seamos gestores de nuevas propuestas lideradas desde el seno de las comunidades donde habitamos.

“El dolor se supera con hechos de paz, de perdón, de reconciliación y de comprender que esto que nos ha ocurrido a nosotras lo están viviendo muchas personas en diferentes zonas del país, y que para contrarrestarlo hay que empezar por vencer el miedo, es el primer paso, el segundo es buscar actividades que nos permitan ayudar a nuestros semejantes, ya sea con el arte, en todas sus manifestaciones, con pedagogía, con asesoría, o con una palabra de aliento”.

Para esta mensajera de hechos de paz, la sociedad tiene que comprometerse aún más con las causas sociales que propenden por el bienestar de todos, “es necesario pensar en un cambio, al menos de pensamiento, luego vendrán las acciones”. 

El Estado no ha sido indiferente ante la necesidad apremiante de la población vulnerable, en 2011 el Congreso de la República aprobó la Ley 1448, la cual se conoce como Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, con el fin de proporcionar una reparación integral a las personas víctimas del conflicto.

Dicha reparación no solo contempla la indemnización económica, sino que incluyó otras medidas entre las que se cuenta la asistencia psicosocial, viviendas dignas, o la restitución de tierras; pero también medidas simbólicas, como el establecimiento del Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas, que se empezó a celebrar a partir del 9 de abril del año de la creación de la ley.

Según cifras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el 93% de la población desplazada en Colombia lo ha hecho hacia áreas urbanas; Bogotá cuenta con el mayor número de inmigrantes y desplazados internos del país, más de 350 mil según datos del 2014; aunque no se sabe a ciencia cierta los factores de dichos desplazamientos, debido a que muchos no denuncian, lo cual hace difícil determinar las causas y el número exacto de personas.

*Nombre cambiado por petición de la protagonista.

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