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sábado, 10 de agosto de 2019

“Lo peor que nos puede pasar ahora es el olvido”

"Las víctimas necesitan ayuda y consuelo": Marleny Muñoz Foto: El Corazón de tu Ciudad

Según la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, son 8.944.137 las personas registradas en esta plataforma digital, sin duda una lamentable cifra que no para de crecer debido a la situación que sigue viviendo el país y que ha marcado, como con un hierro incandescente, la vida de aquellos que, por azar del destino, han tenido que soportar este flagelo.

Cada vez que encontramos una historia nos preguntamos si debemos contarla o simplemente dejarla al lado de los millones que no se conocen, ¿qué sería lo mejor? Son tantas que quizá una más no logre sensibilizar el duro caparazón que le hemos puesto a nuestra conciencia, hastiados de tanta barbarie y vejación, pero si no lo contamos, tal vez sea peor, así que decidimos compartir esta historia de vida de una mujer de 62 años que no ha perdido la esperanza al igual que la mayoría de los colombianos.

Tras un recorrido por las zonas de alta vulnerabilidad en Soacha (Cundinamarca), me enteré de que había una señora desplazada por la violencia que ayudaba a personas que, como ella, habían llegado al municipio buscando una mejor oportunidad en la vida, fui hasta su lugar de trabajo en el Centro Regional de Atención a Víctimas (CRAV), ubicado cerca de la ladera donde comienzan los Altos de Cazucá. Allí encontré a Malerny Muñoz, era la encargada de recibir a los cientos de usuarios que diariamente visitan este centro de atención, con una gran sonrisa y cortesía le indicaba a la gente lo que debía hacer según su caso.

Esta nariñense tiene una cualidad que se persive con facilidad, es una mujer de gran humildad y carácter que se nota tan pronto como interactuamos con ella, su baja estatura la nivela con su fuerte y decidida voz, habla con orgullo de su tierra y de su origen campesino y dice añorar esta tierra que la vio nacer, según Marleny la década de los 90 cuando tuvo que dejarlo todo por conservar su vida, ha sido la más dura de todas.


“Sentí un dolor muy grande, desgarrante, cuando salí de allí, duré casi un año para lograr conciliar el sueño en las noches, sentía una impotencia y agotamiento por tanto sufrimiento; como nos matan a nuestra gente del campo, gente buena y trabajadora, qué pena con el país…”
“Fueron siete los miembros de nuestra familia vilmente asesinados por la guerrilla, mi padre, mis sobrinos, ademas de primos y tíos, tengo un hermano desaparecido, lo secuestraron y jamás hemos vuelto a saber de él, aún guardo la esperanza de encontralo lo he buscado por todos lados, he ido a la inhumación de algunos restos esperando encontrarlo, pero no ha sido posible, yo seguiré buscándolo hasta que mis fuerzas me lo permitan”, relata Marleny.

Su primer desplazamiento fue hacia la ciudad de Cali pero su estadía no duraría mucho a causa del acoso subversivo, no hubo tiempo para superar el duelo por la muerte de sus familiares, su vida corría peligro y decidió salir hacia el centro del país, así llegó al municpio de Soacha, de esto han pasado 22 años pero para Marleny parece como si fuera ayer.

“Yo no sabía hacer nada de la ciudad, yo era simplemente una campesina ignorante que solo sabía criar gallinas, marranos, vacas, sembrar la tierra, las labores propias del campo, por eso fue tan dificil adaptarnos a la vida de la ciudad”.

Marleny baja su mirada tratando de borrar estos recuerdos amargos, pero aparece el llanto en sus ojos, la memoria de su familia, de sus propiedades, de su infancia, es algo que no olvidará jamás.


“Es muy duro partir del lugar donde uno nació, se crío, se casó, tuvo sus hijos y de pronto ya no hay otra salida, que dejarlo todo y huir, dejar sus animalitos, su casa y parte de la familia que se negó a salir de ese infierno, es como si le quitaran un trozo de la vida”.

La llegada a lugar que no conocía con tres hijos y su esposo no era para nada fácil, Marleny sacaba valor de donde no tenía para parecer fuerte ante su familia, para impartirles ánimo y esperanza, además ella tenía claro que su espíritu solidario no le permitiría quedarse quieta y que pronto llegarían mejores tiempos.


“Llegamos a donde un cuñado, pero nos acojió con condiciones, no podíamos salir a la puerta, ellos temían que nos hubiesen seguido y que encualquier momento nos podrían matar a todos”.

A pesar de estar lejos de la tierra que la vió nacer y alejada de los causantes de su desplazamiento, Marleny tuvo que sortear momentos muy difíciles, como cuando su esposo fue víctima de un atentado en el municipio de Soacha.

“Hace como cinco años casi me matan a mi esposo, fue herido en varias partes de su cuerpo, un bala se le alojó en la columna y lo dejó en silla de ruedas, fue terrible tener que afrontar esta situación pero no nos damos por vencidos, siguimos aquí ejerciendo el liderazgo comunitario y ayudando a los que más lo necesitan”.

Actualmente Marleny lidera dos fundaciones compuestas por mujeres en condición de vulnerabilidad en Soacha, una de ellas es Agromujer y la otra Abuelo Joven. Esta última enfocada en ayudar a las madres cuyos hijos son padres a edad temparana, un fenómeno muy común en las comunas de este municipio, el más poblado de Cundinamarca.

Cultivo de tomáte de arbol, uno de los productos de Agromujer

Marleny logró que una ONG internacional le donara un terreno en el municipio de Granada (Cundinamarca), allí más de 40 mujeres empezaron a desarrollar proyectos productivos apoyados en la formación rural del SENA, del municipio y la gobernación, algunas de las mujeres que comenzaron, diez años atrás, han fallecido o han tenido que desplazarse por amenazas contra su vida., actualmente hay diez de ellas cultivando el terreno con productos de pancoger y la cría de cerdos y pollos.

“Hemos podido ayudar a muchas mujeres que han pasado por aquí, les prestamos ayuda mientras logran adaptarse y ubicarse laboralmente; cada una tiene una historia de horror que contar, pero aquí las apoyamos y les damos consuelo, es lo máximo que podemos hacer por ellas”.
Con Agromujer se han beneficiado más de 500 personas en condición de desplazamiento

Esta líder comunitaria ha trabajado con varios sectores de la población y dice que lo más gratificante es poder ayudar y ver un rostro lleno de gratitud y esperanza con ganas de seguir luchando por su familia.

De los casi 9 millones de personas reconocidas como víctimas incluidas en el Registro Único de Víctimas (RUV) e identificadas de manera única ya sea por su número de identificación, por su nombre completo o por una combinación de ellos, 7.227.885 son las víctimas que cumplen los requisitos para acceder a las medidas de atención y reparación establecidas en la Ley.

Las que no han recibido atención suman 1.716.252 que corresponden a víctimas fallecidas, directas de desaparición forzada, homicidio y no activas para la atención. Víctimas que por distintas circunstancias no pueden acceder efectivamente a las medidas de atención y reparación.


“Lo peor que nos podría pasar ahora es el olvido, el lamento de todos los que nos salvamos de morir no debe callar, la reparación de víctimas debe llegar hasta el lugar más escondido del país, el Estado debe saber que aquí hay un grupo de colombianos que les tocó la peor parte, pero que estamos dispuestos a contribuir para que Colombia sea mejor”, sentenció Marleny.





Es claro que no podemos repetir esta terrible historia, como lo decía el Padre Francisco de Roux, Director de la Comisión de la Verdad en el Posacuerdo, “los 82.000 desaparecidos las más de 2.000 masacres, los más de 30.000 secuestros, los más de 18.000 ejecuciones extrajuidicales, falsos positivos que pasan de los 1.000 más de 25.000 personas destruidas por las minas antipersonales, esta locura hay que detenerla”.

Las víctimas son el testimonio vivo que le recuerdan al país que necesita renacer, repensar su pasado para garantizar la no repetición de una barbarie que no podemos seguir repitiendo, quizá, historias como la de Marleny, sensibilicen la conciencia de las nuevas generaciones y permita a las actuales desacostumbrarse al horror.


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