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sábado, 10 de agosto de 2019

“Los sueños de superación no tienen caducidad”

Maritza junto a su esposo, quien se graduaba de bachiller y sus dos hijos.
Foto: El Corazón de tu Ciudad

El fenómeno del desplazamiento en Colombia ha sido uno de los más notorios, según el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno Colombia es el país con mayor número de desplazados internos a causa del conflicto después de Siria, que registraba hasta el 2017 la cifra de 6.3 millones de desplazados históricamente.

Maritza Sánchez Mosquera es una de las 8.7 millones de víctimas del desplazamiento en el país de acuerdo con el informe de Registro único de Víctimas entre 1985 y 2018, esta mujer chocoana de nacimiento nos contó parte de su historia que la trajo hasta la capital colombiana hace más de veinte años.


“Nací en Condoto (Chocó), pero hace 24 años que vivo en Bogotá a causa del desplazamiento del que fuimos víctimas por parte de grupos armados, fue bastante duro tener que dejarlo todo y salir en busca de nuevas oportunidades”.

Maritza y su familia huyeron para salvar su vida, dejando atrás los años de lucha y trabajo que les había permitido tener una vivienda digna y con cierta tranquilidad, hasta que un día no pudieron pagar la “vacuna” para continuar en esa zona del país.

“Mi familia se dedicaba al trabajo del campo, mi padre cultivaba borojó, yuca, plátano, es decir la agricultura era nuestra principal fuente de sustento, cuando salimos quedamos en una incertidumbre total porque no sabíamos a que nos enfrentaríamos en una ciudad como Bogotá”.

En total salieron de Condoto cuatro familiares de Maritza, para el año 1995 la situación del país era bastante compleja y las grandes ciudades como Bogotá se convertían en receptoras de cientos de personas que llegaban a diario de diferentes partes del país, según cifras del Registro Nacional de Víctimas, de las 8.750.002 personas registradas en el país, 352.873 viven en la capital colombiana, lo que representa el 4,1% del total de víctimas a nivel nacional.

“Llegar a una ciudad que uno no conoce es muy duro, la inseguridad, el clima, el ruido, el estrés que se maneja lo hacen a uno preguntarse si fue una buena idea haber escogido esta ciudad, pero uno termina acostumbrándose”.

Maritza extrañaba no solo los atardeceres de su tierra, sino también la familiaridad que tenía con sus vecinos, “allá uno se conoce con todo el mundo, dialoga con ellos, se hace favores, aquí en la ciudad uno se la pasa encerrado, casi no se conoce con nadie, y el tema de la discriminación no es fácil de sobrellevar”.

Fue el barrio Palermo Sur de la localidad Rafael Uribe Uribe, el sito que eligió Maritza para radicarse con sus hijos, que en esa época tenían dos y un año respectivamente, valga decir que gran parte de la población afro que habitan en Bogotá se encuentra en este sector de la ciudad.

“Aquí uno tiene que rebuscarse la vida, estaba prácticamente sola ya que el padre de mis dos hijos decidió quedarse, yo realizaba distintos trabajos para conseguir lo necesario para ellos, hacía postres típicos, comida de la costa pacífica, trabaja en casas, preparaba bebidas; eso sí, siempre hallaba un trabajo para sacar adelante a mi familia”.

Maritza también buscó ayuda del Gobierno Distrital, en programas dirigidos a la población afro de Bogotá, y esto contribuyó a que pudiera brindarles la educación a sus hijos y tratar de superar el trauma que le había dejado el desplazamiento.

“Afortunadamente he recibido ayuda de diferentes personas e instituciones, hace cuatro años hago parte de la Fundación Multiétnica Mujeres Guerreras, creada por señora Amalia Andrade, ella nos ha colaborado mucho, hemos obtenido muchos beneficios de esta Fundación, no solo en sentido económico, sino también de capacitación en varios cursos de gran utilidad para mi familia”.

La angustia que puede dejar un desplazamiento es algo que Maritza ha logrado sortear al lado de sus hijos, actualmente tiene un niño de cinco años con su nueva pareja, sus hijos mayores son un apoyo para ella, todos se graduaron como bachilleres con apoyo de la Fundación Multiétnica Mujeres Guerreras.

La familia unida: Maritza su suegra y Heriberto el día de su graduación, un sueño realizado
Foto: El Corazón de tu Ciudad
“Maritza es una de las mujeres afro que más nos colabora aquí en la Fundación, es una mujer muy humanista, siempre esta dispuesta a trabajar en equipo y aquí les hemos podido colaborar para que todos salgan adelante”, manifestó Amalia Andrade, representante legal de la Fundación Multiétnica Mujeres Guerreras.

“Me siento muy contento de haber obtenido mi título de bachiller, gracias a la Fundación, a mi esposa que siempre me ha animado a seguir adelante, mi sueño es continuar preparándome para mejorar mi nivel de vida y el de mi familia, hemos encontrado muchas oportunidades y agradecemos la hospitalidad que nos ha brindado esta localidad”, declaró Heriberto Ruíz Sánchez, esposo de Maritza.

Esta chocoana es una de las muchas mujeres emprendedoras que se siente orgullosa de su raza negra, el desplazamiento no ha sido obstáculo para superarse y tener la resiliencia necesaria para adaptarse a esta ciudad y buscar nuevas oportunidades de superación.

“Hace pocos meses recibimos un capital semilla que nos permitirá crear una pequeña empresa de productos gastronómicos de nuestra tierra como empanadas, sopas, cocadas, bebidas; aquí seguimos buscando la forma de continuar hacia adelante, sabemos que cuando la noche está más oscura es porque el amanecer está cerca, no nos sentimos abandonados ni desgraciados, al contario nos sentimos bendecidos con todo lo que hemos recibido”.

Maritza continúa trabajando por sus sueños, quiere conseguir un colegio especial para su hijo menor quien padece una discapacidad cognitiva y seguir contribuyendo a la Fundación Multiétnica Mujeres Guerreras, de la cual es miembro hace más de cuatro años, su actitud proactiva y apoyo incondicional ha sido muy valioso en las diversas actividades que realizan en diferentes barrios de la localidad Rafael Uribe Uribe.

 







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