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domingo, 20 de enero de 2019

“De un accidente como el suyo, de mil, uno se salva”

Anderson en el Magdalena Medio (Foto: Archivo Familiar)

Estas palabras las escuchó Anderson José Díaz Acosta, cuando se encontraba postrado en una cama del Hospital Militar de Bogotá (Colombia) en junio del 2008, su médico estaba satisfecho con su recuperación y le manifestó que prácticamente era un milagro que estuviera vivo ya que “de un accidente como el suyo, de mil, uno se salva”.

Pero ¿qué le había pasado a este soldado profesional? ¿era realmente un accidente tal como le dijo su médico? ¿Por qué había sido tal delicada y milagrosa su recuperación? ¿qué aprendemos de la experiencia de Anderson y de su deseo de aferrase a la vida?, veamos lo que nos contó este héroe de la patria, pocos días antes de darse de la baja de las fuerzas militares.


“Nací en Valledupar (Cesar) en una familia de condición humilde pero de corazón grande, con deseo de servir al país, varios de mis familiares son militares y mi hermano también, tal vez por esa razón fui cultivando desde pequeño el deseo de ingresar a las fuerzas militares”, comentó Anderson, quien nos recibió en una de la sedes del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), lugar donde estudia Salud Pública, a través de un convenio que tiene el Ejército Nacional y esta Entidad, denominado Retiro Asistido.

Luego de prestar su servicio militar, Anderson se postuló para servir como soldado profesional, un deseo que siempre había tenido y que ahora podía hacer realidad, con el apoyo de sus amigos y sus familiares militares, pronto se hallaría en una de las zonas más álgidas del país debido al conflicto armado y a los problemas de orden público que allí se vivían por aquella época.

“Además de los grupos alzados en armas, estaban las bandas criminales que tenían controlado el Magdalena Medio y sus alrededores, estuvimos siempre amenazados, nuestra estadía en aquella zona era bastante riesgosa, todos lo sabíamos, pero también entendíamos que la gente nos necesitaba y confiaban en su Ejército Nacional”.

(Foto: Archivo Familiar)
Pronto este soldado vallenato comprobaría que sus temores sobre aquella zona no eran infundados, así lo relató: “Una noche que estaba de permiso, decidí ir a donde un compañero que estaba celebrando su cumpleaños con la familia, allí pasamos un buen rato y cuando ya era las 10:00 p.m. creí que ya era hora de salir para mi casa, caminé un par de cuadras para tomar un taxi, pero nunca llegué a mi destino”.

El taxi que tomó Anderson pertenecía a una banda criminal de la zona, durante el recorrido dos personas más abordaron el carro y lo llevaron hacia las afueras de la ciudad donde lo golpearon y lo arrojaron del vehículo en movimiento.

“Cuando caí del carro estaba inconsciente pero el golpe que recibí en la frente me despertó, giré la cabeza y me di cuenta de que el taxi se me venía encima, no pude moverme, solo recuerdo el impacto sobre mi cuerpo y nada más”.

Anderson yacía en el piso, inerte, después que el taxi lo atropelló y le pasó por encima ante la mirada complaciente de sus victimarios, ellos pensaron que el soldado, quien estaba vestido de civil, había muerto, que su acción violenta había sido todo un éxito, sin embargo, el destino tenía otros planes para este héroe de la patria.

“Los vecinos que se percataron de lo sucedido, llamaron a una ambulancia, cuando los paramédicos llegaron a mirar mi condición, no veían señales de vida, tras la insistencia de los vecinos me levantaron del lugar, con las vísceras en un recipiente, el abdomen abierto y múltiples fracturas en todo el cuerpo”.

(Foto: Archivo Familiar)
A pesar de la condición crítica de Anderson, los médicos del hospital de Valledupar lo lograron reanimar y pidieron su traslado para el hospital Militar de Bogotá, fue allí donde los expertos cirujanos lograrían -tras varios meses en cuidados intensivos y un largo tratamiento en recuperación-, lo que parecía imposible, salvarle la vida a este joven víctima de la violencia.

El tiempo de convalecencia en la clínica pasaba muy lento y había momentos en los que Anderson pensaba en desfallecer, “un día estaba tan deprimido y me sentía tan mal, sin poder caminar, si poder valerme por sí mismo, me dolía todo el cuerpo, me sentía agotado, que tomé una decisión absurda, me acerque con mi silla de ruedas a una escalera con la intención de lanzarme y acabar con lo que quedaba de mi vida, cuando ya lo iba hacer, alguien agarró mi silla por atrás, me haló muy fuerte e impidió que me suicidará”. 


(Foto: Archivo Familiar)
“Hoy recuerdo con agradecimiento aquel enfermero que salvó mi vida, me ayudó a ver la vida de otra forma, mi familia también jugo un papel muy importante en mi recuperación, mi madre estuvo pendiente de mi todo el tiempo, mi esposa me visitaba con mi hija, mis hermanos, todos estaban a mi lado en esos momentos tan difíciles”.

El diagnóstico entregado por el personal médico del hospital mostró la gravedad del atentado, fractura abierta de pelvis, destrucción de los tejidos blandos de las piernas, fractura en fémur, tibia y peroné, daños irreversibles en los órganos internos, tracto digestivo y tracto intestinal, además del trauma emocional y psicológico por lo acontecido.

“La vida me brindó una nueva oportunidad y decidí aprovecharla, no ha sido fácil, pero he logrado sobrellevarla, cumplí los 20 años de servicio a mi país y no me arrepiento de haber tomado esta decisión, hice lo que tenía que hacer y lo hice por el compromiso que un día juré para con mi patria, hoy tengo otros sueños y otras metas para cumplir”.

(Foto: Julio Rozo)
Para Ruth Estela Marín, instructora del SENA, “Anderson José es una persona digna de admirar, su esfuerzo por salir adelante se nota fácilmente, tiene dificultades para desplazarse y en ocasiones no puede asistir debido a sus condiciones de salud, pero siempre está dispuesto a colaborar, por ejemplo, se inscribió para ser parte de la brigada, actualmente está realizando sus prácticas en el Hospital de Soacha, es un gran ejemplo de superación”.


Anderson escogió estudiar un Tecnólogo de Salud Pública en el SENA pensando en ayudar a otros, que, como él, han sufrido algún flagelo en su salud, dice no guardar ningún rencor u odio para las personas que atentaron contra su vida y sueña con poder darle lo mejor a su esposa y su hija y disfrutar de lo todo lo que se perdió por la experiencia vivida.

“Yo no odio a nadie por esto que me pasó, prefiero olvidar aquellos momentos de sufrimiento y pensar más en mis seres queridos, siento que todavía puedo hacer muchas cosas, en especial cuando mi hijita me dice, ven papi yo te curo, y me abraza, yo siento que es una bendición para mi tenerla a ella conmigo, verla crecer, me da mucha alegría”.

(Foto: Julio Rozo)
Este soldado que estuvo a punto de perder su vida nos deja una enseñanza a través de su experiencia, es un ejemplo de resiliencia, esa aptitud que adoptan algunos individuos frente a la superación de una adversidad con el fin de pensar en un mejor futuro, Anderson representa al soldado colombiano que juró un día defender a su país con la misma vida, si fuera necesario, para que otros podamos vivir una vida más tranquila.

Aunque en el país se sigue debatiendo si los soldados deben ser considerados víctimas, algunos alegan que los militares al ostentar el monopolio de las armas y ser actores directos involucrados en la confrontación armada, no deberían considerárseles víctimas, ya que los resultados que pudieran llegar a tener son inherentes a su deber.

Es bueno recordar que hay leyes que amparan justamente lo contrario, por ejemplo la Ley 1448 de 2011, también conocida como la Ley de Víctimas, refleja sin duda alguna los avances que se han dado en lo que se refiere al reconocimiento de las víctimas, justamente surgió luego de reconocerse abiertamente que en el país ha existido un conflicto armado interno, que entre otras cosas ha dejado más de 8 millones de víctimas, allí quedó consignado que las víctimas son aquellas a quienes en el marco del conflicto, han resultado afectados cuando se han infringido las normas del Derecho Internacional Humanitario, aquí entrarían los militares.

Lamentablemente el país no cuenta con un registro claro de las cifras de víctimas que ha dejado el conflicto, y en el caso de las víctimas de la Fuerza Pública esta dificultad es aún mayor, pues si bien es cierto muchos acudieron al llamado para inscribirse en el Registro Único de Victimas, algunos no fueron reconocidos y otros cuantos prefirieron mantenerse en el anonimato debido a que no se reconocen como lo que realmente son: víctimas. 


(Foto: Archivo Familiar)
Se ha sabido que al interior de las Fuerzas Militares se viene trabajando en la recuperación de esa memoria histórica buscando justamente visibilizar a sus víctimas y que sus experiencias sean escuchadas e incluidas en los relatos que nos ha dejado los más de 50 años de conflicto. Este año se conoció un informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), que mencionaba que la guerra escondida, minas antipersonal y remanentes explosivos en Colombia, son el primer trabajo en el que el CNMH recupera las memorias, en dicho registro estarían no sólo víctimas civiles, sino también miembros de la Fuerza Pública.

Es bueno pensar en que reconocer la condición de víctima de un soldado no solo es reconocerle su dignidad como ser humano, sino una forma de retribuirle simbólicamente el sacrificio que ha hecho por todos. Gracias soldados de Colombia por su compromiso y dedicación, por el amor a su país y el deseo de servir a una nación a costa de su propia vida, realmente son héroes de la patria.

Vea el vídeo con la entrevista



Por: Julio Rozo
@juliorozzo

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