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viernes, 9 de enero de 2026

Del surco a la mesa: el camino hacia un sistema agroalimentario justo en Bogotá-Cundinamarca

 



En Usme, al suroriente de Bogotá, donde la neblina baja y endurece los dedos, María Ramírez inicia su jornada cuando la ciudad todavía duerme. En su parcela revisa el riego, corta la hierba, separa lo que va para venta directa y apila en canastillas los alimentos que siembra en su huerta (brócolis, lechugas de varias clases, cebollas, kale, espinaca y acelga), alimentos que comemos -sin saberlo- en algunos restaurantes de la ciudad o en las mesas de los más de 11 millones de habitantes que reúnen Bogotá y Cundinamarca.

“Ser campesina es donde yo vivo, donde yo trabajo… de donde no quisiera salir nunca”, dice, María. Un sentir que comparte con Heiner Alfonso Ramírez Poveda, vecino de la vereda El Destino (Bajo Sumapaz), un joven de 30 años para quien “el campo es trabajo duro, pero también tranquilidad y cariño por el territorio”. Decidido bajo la promesa de un campo mejor, organizó junto a otros jóvenes una asociación que hoy integran ocho hombres y seis mujeres, productores de alimentos, pero también de esperanza y transformación.


Sus historias no son una postal, son la puerta de entrada a una pregunta urgente para 2026: ¿por qué, teniendo comida tan cerca, a veces es tan difícil comer fresco y a buen precio en la capital? Pregunta que dio origen a Aliméntate de Región, el proyecto que en alianza entre la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, la RAP-E Región Central y la FAO ha puesto en marcha el SARA (Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario): la radiografía técnica que explica, con datos, qué produce el territorio, qué tan bien se aprovecha y qué frena un abastecimiento justo.

Esta radiografía arranca con una paradoja: dentro de la frontera agrícola de Bogotá-Cundinamarca hay 1,5 millones de hectáreas, pero solo el 18,2 % está en uso, lo que significa que se aprovecha menos de dos de cada diez hectáreas disponibles. A lo que se suma la alta concentración y baja diversidad con cultivos como papa, caña panelera, mango, tomate, zanahoria y plátano que dominan la producción local.

Hay potencial en tierras, manos y experiencia, pero este no se activa solo con sembrar más, se activa con reglas, servicios y mercados que funcionen.


Un territorio que produce, pero se arriesga
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